
Que ingenua que fue mi mente al pensar alguna vez que tus ojos eran fragmentos de mi cielo y que a traves de ellos podía ver un mundo idóneo, el que siempre soñé. Que torpe fui al creer que que compartiamos el mismo mundo de esencias raras de definir, de paredes pintadas de historias de puentes, de aires impregnados de aromas naturales, de corcheas voladoras que se ocultan detrás de los segundos del reloj, de huellas guiadas por fragmentos filósoficos, de primavera que renace dejando naufragar al crudo y triste invierno, reemplazando sus penas por escarlatas y enormes rosas que dejan de ser pimpollos para conventirse en frutos sabios y maduros.
Ese es el universo en el que deseo vivir, entre palomas y lápices, entre pinceles y poemas. No necesito mas que eso para alcanzar la felicidad mas absoluta que logre obtener existencia en el mundo humano.








